
Me cansé. Me cansé de hablar en primera persona. Me cansé de que las letras sólo se uniesen para expresar mis titubeos. Me cansé de tanta ingenuidad y de tanto temporal.
Me cansé y no de una manera nociva. Me cansé pero de la mejor forma que te puedes cansar. Me cansé de tanto ahogarme, y para volver a respirar.
Respirar en esta espiral de aires nuevos, donde confluyen inquietudes y placeres. Respirar mi aliento, el suyo, y el tuyo. Respirar para volver a ese mundo que va más allá del “yo”. Respirar y recoger toda esa basura que alberga el tan amado mundo occidental.
Accidentalmente, que no occidentalmente, han vuelto el supongo, la nada, y por supuesto, el relájate y disfruta. Occidente, que no accidente, vuelve a despuntar y nos llena las portadas de mentiras que de nuevo tenemos que pagar. Accidentalmente, y otra vez más, el ciudadano de a pie las vuelve a masticar.
Masticando es como queremos triturar toda esa hipocresía occidental. Masticando libertades, velocidades, y hasta el humo que por mucho que masticamos nunca dejamos de tragar.
Tragamos y tragamos pero cada vez estamos más delgados. Tragamos y tragamos y nunca sabremos hasta cuándo tendremos que tragar.
Después de todo yo creo que tragamos por el miedo a que un día sea la hipocresía occidental la que nos trague a nosotros. Amigos, ya es tarde, hace tiempo que nos engulló sin la menor compasión. Como a un buen occidental...
Que escribes precioso, niña.
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