martes, 17 de agosto de 2010

Agua Marina.


En los entremeses de la vida me encontré con la dulzura que ponía oído, voz y sentido a mis palabras. Ahora estoy aquí y te quiero, te quiero explicar. Mujer de mar se hace llamar, sentido cabal, ardiente calor que quema todos mis desperfectos. No es poesía, pero al igual que esta roza la perfección. No es cigarrillo en mi boca, es el humo que me coloca. Ni siquiera eres una droga, tú eres mucho mejor. El denso espacio que ocupa en mi alma forma un ángulo complementario, que no suplen los besos, que no cubren las vehementes pasiones, pues es tu paciencia la que sin quererlo me apasiona. Tu enciendes mi agosto y quemas mi abril, tú y solo tú enredas en mi cabello tu agua salada. Eres… primavera anticipada, zumo de trigo con cebada, una pasión destartalada, eres esquina, puerta, aliento, miel, oasis, luna llena, polvo, treinta y nueve grados, una cajita de música, eres el soma, eres mi soma. Definitvamente, eres el hecho y no la palabra.

Que voy a decir yo…¡eres la divina perfección! O quizás más bien seas un: “¡Qué demasiado!” o sin darle más vueltas tal vez seas alegría.

Pase lo que pase, te espero en la calle melancolía, próxima a la ciudad del viento donde aunque tú no lo sepas, Marina, yo estaré contigo.