jueves, 31 de marzo de 2011

Infinita capacidad de desear.


Deseamos más autos y más grandes. Deseamos más carriles y que estos sean más rápidos. Deseamos más artículos de compra y venta, más televisiones, más carteras, más pantalones. Más dinero en nuestras cuentas corrientes. Mas esto no es todo lo que deseamos. Deseamos más harapos, más gazapos, e incluso más penas. Ser más listos, más altos y más guapos. Deseamos más mañana inesperadas, más pasiones destartaladas, más veranos incendiados, más noches a la luz de las velas, más, más, más, más. Más segundos, minutos y horas; más tiempo. Más colillas en el cenicero, y una mayor llama en el mechero. Más palabras, más actos y más explicaciones. Más cafés, aún más colillas. Más cervezas, aún más colillas. Más ron, aún más éxtasis. Más hombres, más mujeres, más colchones, más corazones.

Deseamos tanto que a veces olvidamos que el tiempo es más caprichoso que nosotros y, a menudo, nos hemos deseamos tan poco a nosotros que de repente ya no hay tiempo para hacerlo.

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