miércoles, 7 de septiembre de 2011
La esencia de la vida.
Noches de viento fresco e ideas furtivas. Noches que discurren en la tranquilidad de quien las deja fluir y no las pide nada a cambio. Noches que son capaces de iluminar días, de hacer cantar al Cuco y brillar a las luciérnagas. Noches que descubren eclipses y encubren penas. Noches que nos permiten oír susurros y vencer miedos. Noches que nos hacen soñar y ser inmortales. Noches que nos hacen perder el control.
En contraposición a ellas están las mañanas. Mañanas que dan dolor de cabeza. Mañanas de despertador, de obligación. Mañanas capaces de hacer sonar sirenas, de crear problemas y florecer a las explicaciones. Mañanas con tanta niebla que hacen a las golondrinas encallar en sus nidos y lejos de hacerlas cantar, cohíben sus ruidos.
Palpitar dispar de las dos partes de un todo que buscan indefinidamente a aquel ser que habita en ellas. Aquel ser que las da sentido y las hace suyas, que cada hora que pasa disfruta de ellas. A cambio, estas, hacen a ese ser estar en equilibrio y lo ayudan a satisfacer, temporalmente, lo que es la perpetua sensación de objetivo inalcanzado, objetivo que habitualmente se desconoce cuál es, pero que supone la incertidumbre irresuelta que hace, una vez más, sonar el despertador. Uno habitualmente se pasa la vida como en el mito de Sísifo y sólo la diferencia entre la noche y el día nos permiten descansar de nuestra eterna agonía. Una agonía que, lejos de hacernos sufrir, supone la esencia de la vida.
martes, 12 de abril de 2011
Breve pero intenso.
Quería algo corto, un verso o dos, algo que durante un tiempo no haga daño. Así que en lugar de darme al amor, me dí al mundo, al humo y al lúpulo que, en otros términos más elaborados, es más conocido como cerveza o buena vida.
No me llamen Bukowski, aún puedo darme al té.
jueves, 31 de marzo de 2011
Infinita capacidad de desear.
Deseamos más autos y más grandes. Deseamos más carriles y que estos sean más rápidos. Deseamos más artículos de compra y venta, más televisiones, más carteras, más pantalones. Más dinero en nuestras cuentas corrientes. Mas esto no es todo lo que deseamos. Deseamos más harapos, más gazapos, e incluso más penas. Ser más listos, más altos y más guapos. Deseamos más mañana inesperadas, más pasiones destartaladas, más veranos incendiados, más noches a la luz de las velas, más, más, más, más. Más segundos, minutos y horas; más tiempo. Más colillas en el cenicero, y una mayor llama en el mechero. Más palabras, más actos y más explicaciones. Más cafés, aún más colillas. Más cervezas, aún más colillas. Más ron, aún más éxtasis. Más hombres, más mujeres, más colchones, más corazones.
Deseamos tanto que a veces olvidamos que el tiempo es más caprichoso que nosotros y, a menudo, nos hemos deseamos tan poco a nosotros que de repente ya no hay tiempo para hacerlo.
jueves, 17 de marzo de 2011
El bello arte de pensar.

Si algo admiraba de ella era su forma de pensar. Pensaba y pensaba, jamás dejaba de pensar. Tan sólo en las noches de calor y humedad conseguía que su razonamiento saliese a pasear.
Fueron muchas las horas que pasó pensando aquel templado invierno. Fueron muchas las horas y en el fondo muy poco tiempo. Apoyada en su ventana, retirado ya el cristal, no había pensamiento que dejase sin tocar. Tan racional y a la vez tan visceral, era esa su virtud o su máximo defecto. Y es que pensase lo que pensase sólo ella sabía lo que pensaba en realidad y no era pura casualidad, sino más bien un rasgo de su personalidad.
Y aunque sea reincidente, yo admiraba su forma de pensar. Apoyada en su ventana se daba cuenta de la cortina de humo que envolvía a toda aquella sociedad. Se fijaba atentamente y le daba por pensar que la mente de aquella gente estaba llena de banalidad. Algo peor sucedía cuando leía el periódico, pues ahí confirmaba aún más que no había más gran mentira que el mundo en general. Era triste, se decía. Incluso a veces remitía a que era inmoral. Inmoral porque la gente sufría, inmoral porque nadie lo impedía, inmoral porque aquel sufrimiento a otros les producía bienestar, inmoral, inmoral, inmoral y así hasta un sin fin de cosas que podría enumerar. Triste por en el fondo a poca gente le importaba de verdad, triste porque todos pensaban que a ellos nunca les iba a pasar, triste porque aunque les importase estaban atados a cadenas de las que era difícil escapar, triste, muy triste, triste hasta rebosar. Pero si algo bueno tenía es que en el fondo ella pensaba que todo aquello se podía cambiar. Ella pensaba que estábamos aquí para mejorar, y así creció viviendo en ese temporal.
Poco a poco y con el paso del tiempo, confirmó aún más lo que sabía ya. Y apoyada en la belleza de aquel arte que ni siquiera sabía si podía dominar, expresó todos aquellos pensamientos; allí dentro eran demasiados ya.
Lo hizo en tercera persona, creía que no era digna de destacar.
Optimista ímpetu de continua reforma.

Ropa interior tirada por el suelo. Restos de destrucción. Más ropa interior tirada por el suelo, esta, manchada de carmín. Océanos de humo. Botellas en el salón y el periódico del día anterior. Dos billetes de ida y tan sólo uno de vuelta. Éxtasis, oscuridad y al fondo una luna llena. Ron, mucho ron. Calor, mucho calor, incluso más que ron. Para ser más exactos, más calor que ropa interior. Pero sobre todo, dudas, casi un mar de dudas.
Salí de aquí y volví como vuelve un perro abandonado, magullado, pero volví. Magullada pero más vieja que cuando fui.
Ahora, una vez aquí, la costumbre se apodera de mí. Ahora, una vez aquí, los teléfonos siguen sonando pero no hay nadie para responder. Total, ¿para qué?
Después de recorrer calles cortadas que, sin ningún sentido, estaban allí. Después de levitar para al final caer. Y, aunque nunca fue mi intención, hice pactos con el diablo, vendí parte de mí. Ahora empiezo a recuperarla, ahora empiezo y lo haré para llegar hasta el fin.
Recojo la ropa interior. Aunque suene redundante destruyo los restos de destrucción. Recojo más ropa interior, esta, manchada de carmín. Aspiro el humo. Lleno la basura de las botellas y el periódico que el día anterior llenaban mi salón. Compro un billete de vuelta. Más éxtasis, menos oscuridad y al fondo una luna creciente. Ron, mucho ron. Calor, mucho calor, incluso más que ron. Para ser más exacto más ron que ropa interior. Pero sobre todo, dudas, casi un mar de dudas.
Hay cosas que no cambian ni con experiencias, ni con ron, ni con mucho calor. Es la esencia, la esencia de mi yo interior ese optimista ímpetu de continua reforma.
viernes, 4 de marzo de 2011
COMO BUEN OCCIDENTAL.

Me cansé. Me cansé de hablar en primera persona. Me cansé de que las letras sólo se uniesen para expresar mis titubeos. Me cansé de tanta ingenuidad y de tanto temporal.
Me cansé y no de una manera nociva. Me cansé pero de la mejor forma que te puedes cansar. Me cansé de tanto ahogarme, y para volver a respirar.
Respirar en esta espiral de aires nuevos, donde confluyen inquietudes y placeres. Respirar mi aliento, el suyo, y el tuyo. Respirar para volver a ese mundo que va más allá del “yo”. Respirar y recoger toda esa basura que alberga el tan amado mundo occidental.
Accidentalmente, que no occidentalmente, han vuelto el supongo, la nada, y por supuesto, el relájate y disfruta. Occidente, que no accidente, vuelve a despuntar y nos llena las portadas de mentiras que de nuevo tenemos que pagar. Accidentalmente, y otra vez más, el ciudadano de a pie las vuelve a masticar.
Masticando es como queremos triturar toda esa hipocresía occidental. Masticando libertades, velocidades, y hasta el humo que por mucho que masticamos nunca dejamos de tragar.
Tragamos y tragamos pero cada vez estamos más delgados. Tragamos y tragamos y nunca sabremos hasta cuándo tendremos que tragar.
Después de todo yo creo que tragamos por el miedo a que un día sea la hipocresía occidental la que nos trague a nosotros. Amigos, ya es tarde, hace tiempo que nos engulló sin la menor compasión. Como a un buen occidental...
martes, 22 de febrero de 2011
Cuaresma de una atea.

Durante un par de meses viví como en el juego del parchís, tiraba el dado y engullía. Corriendo, cada noche recogían mi basura. Al llegar el día, los que me engullía eran ellos.
Durante un par de meses jugué al hombre lobo, aullaba a mis presas y me relamía. Masticando, me comían las penas. Al llegar el día, yo era la presa y los que aullaban eran ellos.
Durante un par de meses, o quizás tres, mi forma de vida era más propia de la luna que de mi. Brillando, me admiraban pues estaba llena. Al llegar el día, me daba cuenta que más que llena estaba vacía.
Durante un par de meses cree mi propio reino, era juez y parte de sus vidas. Resbalando, me decían lo que yo quisiera. Al llegar el día, hacía recuento y por cada una verdad había diez mentiras.
Durante un par de meses fui feliz dentro de este juego que a veces era blanco y otras veces negro. Ardía, y ellos apagaban todo mi fuego. Después de tantos días, lo único que había conseguido era enredarme en un tela de araña de la que era difícil escapar.
Dos meses no son suficientes, sé que quiero más y si no se puede, que venga la araña y me coma ya.
jueves, 10 de febrero de 2011
Tanto monta monta tanto, Isabel como Fernando.

Quise rozar su cuerpo y le rocé. Quise lamer sus heridas y las lamí. Quise dominar, mandar, y lo conseguí. Quise encadenarme a sus cabellos y me até bien fuerte. Quise hacerle sentir calor y lo sintió. Quise fumarme hasta sus colillas y me convertí en humo. Quise tragarme todos sus suspiros y le robe hasta el último aliento. Quise cambiar de estación y durante ese invierno las noches fueron primavera. Quise que su cuerpo se quedara pegado a las sábanas blancas y él y ellas fueron uno. Quise conocer todos sus secretos y no deje ni un solo escondite de su cuerpo sin recorrer. Quise que se olvidara del tiempo y durante seis días no hubo diferencia entre el día y la noche. Quise restregar cada palabra por sus labios ardientes y no deje una gota de saliva sin impregnar de mis vocablos. Quise que gritara tan alto, que en el último de sus gritos la voz se escondió entre el aire caliente. Quise que pidiera socorro y entre el mar de mi cama hubo un incendio. Y después de eso, quise que al llegar el alba estuviese tan dentro que al intentar respirar nos faltase el aire, y eso, también lo conseguí. Pero esta vez no me quedé ahí y aún quise más. Así que aspiré su olor, me duché en su sudor y trafiqué con su saliva.
Quise tanto que ahora hablo en pasado. Quise tanto que ahora de todo aquello sólo queda el quise, y ese olor permanente que me recuerda el frío de esa cama que no deja de gemir buscando su presencia en noches como estas, y en otras tantas más. Creo que quise tanto que al final le desintegré y a mí con él.
martes, 1 de febrero de 2011
Así es un copa para dos.

Cuando soy, simplemente, no puedo no ser. Cuando siento, obviamente, no soy un ser inerte. Cuando canto de forma nauseabunda a la mañana, no estoy callada. Cuando hay luna llena entro en éxtasis y si entro en éxtasis, indirectamente, no soy sólo pasión pero tampoco mucho más. Cuando pienso en ello no estoy pensando en nada más y es que sentir alegría me priva de sentir pena. Y así en un orden inalterable con todas las cosas.
Si esto es tácito significa que no es explicito. Si esto es alfa, no es omega. Si esto es un mínimo, no es un máximo y desde luego, si es un antónimo nunca podrá ser un sinónimo. Y así en un orden inalterable con todas las cosas.
El doble filo de una misma moneda, unas veces cara y otras cruz; nunca, y con nunca quiero decir que jamás serán siempre, las dos simultáneas. Con esto tampoco quiero decir que todo sea blanco o negro. Con esto no quiero decir que sólo haya una solución. De hecho es posible que con esto diga poco o nada. Salvo a mi misma a la que explico de este modo como fui constante y ardiente sosteniendo una copa para dos, pero muy intermitente y fría sosteniendo la mía.
martes, 11 de enero de 2011
Hojas de cúmulo de despropósitos.
Eres inesperado, ardiente y delicado. Eres fácil y a la vez complicado, se podría decir que eres un verso inacabado. Eres un colchón en llamas, un verano anticipado y una hoja de esas que danzan con el viento. Eres puro magnetismo, una parada de estación donde siempre voy a esperar y un teléfono acostumbrado a las llamadas. Eres mucho y a la vez sé que aun no eres nada. Corazón explosivo, irrumpiste en mi vida y hubo cantos nauseabundos a la mañana acompañados de música de radio de esa barata.
Entonces los pájaros empezaron a cantar. Do re, do re mi, do re y una vez más la música sonó. Perdidos entre pequeñas monedas, vasos y colillas la luz entre las persianas nos despertó.
Ahora eres perdición, miedo, algo de desazón y una pieza de sin razón pero indiscutiblemente eres la medicina, o más bien, la droga que calma mi adicción, o tal vez no. Pues eres un quiero y no puedo o más bien al revés, o tal vez un viceversa. Indudablemente eres la excepción y el equilibrio de mi creencia cuando yo ya no creía en nada. Ahora entiendo la creación, el proceso de transición, la luna llena y las tardes de domingo. Ahora entiendo la noche suave de mi habitación, los aviones en tierra y los ladridos de los perros a media mañana.
Indiscutiblente eres parte de mi cúmulo de despropósitos.
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