
Ropa interior tirada por el suelo. Restos de destrucción. Más ropa interior tirada por el suelo, esta, manchada de carmín. Océanos de humo. Botellas en el salón y el periódico del día anterior. Dos billetes de ida y tan sólo uno de vuelta. Éxtasis, oscuridad y al fondo una luna llena. Ron, mucho ron. Calor, mucho calor, incluso más que ron. Para ser más exactos, más calor que ropa interior. Pero sobre todo, dudas, casi un mar de dudas.
Salí de aquí y volví como vuelve un perro abandonado, magullado, pero volví. Magullada pero más vieja que cuando fui.
Ahora, una vez aquí, la costumbre se apodera de mí. Ahora, una vez aquí, los teléfonos siguen sonando pero no hay nadie para responder. Total, ¿para qué?
Después de recorrer calles cortadas que, sin ningún sentido, estaban allí. Después de levitar para al final caer. Y, aunque nunca fue mi intención, hice pactos con el diablo, vendí parte de mí. Ahora empiezo a recuperarla, ahora empiezo y lo haré para llegar hasta el fin.
Recojo la ropa interior. Aunque suene redundante destruyo los restos de destrucción. Recojo más ropa interior, esta, manchada de carmín. Aspiro el humo. Lleno la basura de las botellas y el periódico que el día anterior llenaban mi salón. Compro un billete de vuelta. Más éxtasis, menos oscuridad y al fondo una luna creciente. Ron, mucho ron. Calor, mucho calor, incluso más que ron. Para ser más exacto más ron que ropa interior. Pero sobre todo, dudas, casi un mar de dudas.
Hay cosas que no cambian ni con experiencias, ni con ron, ni con mucho calor. Es la esencia, la esencia de mi yo interior ese optimista ímpetu de continua reforma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario