martes, 22 de febrero de 2011

Cuaresma de una atea.


Durante un par de meses viví como en el juego del parchís, tiraba el dado y engullía. Corriendo, cada noche recogían mi basura. Al llegar el día, los que me engullía eran ellos.

Durante un par de meses jugué al hombre lobo, aullaba a mis presas y me relamía. Masticando, me comían las penas. Al llegar el día, yo era la presa y los que aullaban eran ellos.

Durante un par de meses, o quizás tres, mi forma de vida era más propia de la luna que de mi. Brillando, me admiraban pues estaba llena. Al llegar el día, me daba cuenta que más que llena estaba vacía.

Durante un par de meses cree mi propio reino, era juez y parte de sus vidas. Resbalando, me decían lo que yo quisiera. Al llegar el día, hacía recuento y por cada una verdad había diez mentiras.

Durante un par de meses fui feliz dentro de este juego que a veces era blanco y otras veces negro. Ardía, y ellos apagaban todo mi fuego. Después de tantos días, lo único que había conseguido era enredarme en un tela de araña de la que era difícil escapar.

Dos meses no son suficientes, sé que quiero más y si no se puede, que venga la araña y me coma ya.

jueves, 10 de febrero de 2011

Tanto monta monta tanto, Isabel como Fernando.


Quise rozar su cuerpo y le rocé. Quise lamer sus heridas y las lamí. Quise dominar, mandar, y lo conseguí. Quise encadenarme a sus cabellos y me até bien fuerte. Quise hacerle sentir calor y lo sintió. Quise fumarme hasta sus colillas y me convertí en humo. Quise tragarme todos sus suspiros y le robe hasta el último aliento. Quise cambiar de estación y durante ese invierno las noches fueron primavera. Quise que su cuerpo se quedara pegado a las sábanas blancas y él y ellas fueron uno. Quise conocer todos sus secretos y no deje ni un solo escondite de su cuerpo sin recorrer. Quise que se olvidara del tiempo y durante seis días no hubo diferencia entre el día y la noche. Quise restregar cada palabra por sus labios ardientes y no deje una gota de saliva sin impregnar de mis vocablos. Quise que gritara tan alto, que en el último de sus gritos la voz se escondió entre el aire caliente. Quise que pidiera socorro y entre el mar de mi cama hubo un incendio. Y después de eso, quise que al llegar el alba estuviese tan dentro que al intentar respirar nos faltase el aire, y eso, también lo conseguí. Pero esta vez no me quedé ahí y aún quise más. Así que aspiré su olor, me duché en su sudor y trafiqué con su saliva.

Quise tanto que ahora hablo en pasado. Quise tanto que ahora de todo aquello sólo queda el quise, y ese olor permanente que me recuerda el frío de esa cama que no deja de gemir buscando su presencia en noches como estas, y en otras tantas más. Creo que quise tanto que al final le desintegré y a mí con él.

martes, 1 de febrero de 2011

Así es un copa para dos.


Cuando soy, simplemente, no puedo no ser. Cuando siento, obviamente, no soy un ser inerte. Cuando canto de forma nauseabunda a la mañana, no estoy callada. Cuando hay luna llena entro en éxtasis y si entro en éxtasis, indirectamente, no soy sólo pasión pero tampoco mucho más. Cuando pienso en ello no estoy pensando en nada más y es que sentir alegría me priva de sentir pena. Y así en un orden inalterable con todas las cosas.

Si esto es tácito significa que no es explicito. Si esto es alfa, no es omega. Si esto es un mínimo, no es un máximo y desde luego, si es un antónimo nunca podrá ser un sinónimo. Y así en un orden inalterable con todas las cosas.

El doble filo de una misma moneda, unas veces cara y otras cruz; nunca, y con nunca quiero decir que jamás serán siempre, las dos simultáneas. Con esto tampoco quiero decir que todo sea blanco o negro. Con esto no quiero decir que sólo haya una solución. De hecho es posible que con esto diga poco o nada. Salvo a mi misma a la que explico de este modo como fui constante y ardiente sosteniendo una copa para dos, pero muy intermitente y fría sosteniendo la mía.

Cuatro noches y dos días fueron suficientes para conseguir lo que pocos consiguieron. Ahora ni veinte noches, ni doce días servirán para mi consuelo.