
Durante un par de meses viví como en el juego del parchís, tiraba el dado y engullía. Corriendo, cada noche recogían mi basura. Al llegar el día, los que me engullía eran ellos.
Durante un par de meses jugué al hombre lobo, aullaba a mis presas y me relamía. Masticando, me comían las penas. Al llegar el día, yo era la presa y los que aullaban eran ellos.
Durante un par de meses, o quizás tres, mi forma de vida era más propia de la luna que de mi. Brillando, me admiraban pues estaba llena. Al llegar el día, me daba cuenta que más que llena estaba vacía.
Durante un par de meses cree mi propio reino, era juez y parte de sus vidas. Resbalando, me decían lo que yo quisiera. Al llegar el día, hacía recuento y por cada una verdad había diez mentiras.
Durante un par de meses fui feliz dentro de este juego que a veces era blanco y otras veces negro. Ardía, y ellos apagaban todo mi fuego. Después de tantos días, lo único que había conseguido era enredarme en un tela de araña de la que era difícil escapar.
Dos meses no son suficientes, sé que quiero más y si no se puede, que venga la araña y me coma ya.
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