
Las putas han abandonado la cama, los mendigos ya han encontrado donde vivir, en España se debate la ley del aborto y yo sigo aquí sentada cuestionadome mi capacidad de escribir. No es por el sueño de todo poeta, no es por la cosa de no dormir, es que me falta tenerte ahí entre mis piernas, es que me falta una dosis de frenesí.
Yo no quiero lamer heridas, yo no quiero ser un Julieta dentro de ninguna vida; quiero, quiero aquello de lo que carezco: tumbarme en las vías, sentirme kamikaze, hacerme drogadicta por un día, agonizar en tu cama, vivir. Es decir, supongo que quiero lo único que no entiende de ninguna ley, drogarme de sentimientos para vivir, llenar este vacío que supone no sentir.
Confieso que hubo tiempos mejores donde pasatiempos de pacotilla mataban y llenaban la inocencia de una persona que empezaba a vivir; pero también he de confesar que esa época ya no esta aquí, que mi cama es un desván en el olvido, pero que ahora más que nunca quiero vivir. Aún me quedan muchas cosas, me queda sentir.

