Una vez más he levantado la mancuerna y me dispongo a mirar a este el mundo que nos rodea. Gente que va y gente que viene, un ruido incesante de pasos que ni siquiera se contemplan. He crecido. Lo he visto claro.Y por fin me he dado cuenta: nada es lo parece. No existe Papa Noel, ni existen los Reyes Magos. He aquí una de las primeras mentiras universales, una de las tantas.
Convivimos con la mentira, rellena nuestras vidas y nos valemos de ella para conseguir nuestros objetivos. Unas veces es de tipo defensiva o simplemente piadosa e inofensiva, otras, incesante y poco contemplativa. La mentira más simple puede ser una gran pista, pero lo fundamental, lo mas básico, es aceptar que vivimos dentro de la hipocresía y que este hecho es inevitable, imposible de erradicar. Todo ser viviente conoce y se relaciona con ella. Todo ser viviente se nutre de ella. La utilizamos a diario, la escuchamos, la presentimos, televisión, radio, Internet, hasta en los cuentos infantiles aparece; esta a la orden del día. La mentira es sin duda alguna faltar a la verdad. ¡oh, dulce mentira que me llenas de alegría! ¡oh, dulce mentira que a veces no eres tan dulce!
Ahora mi pregunta es, ¿quién me asegura a mi que toda esta palabrería no sea tan solo eso... tan solo mentira?
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