viernes, 10 de septiembre de 2010

Ciclos, paradas, estaciones.


La vida está llena de ciclos. El ciclo del agua, el ciclo menstrual, el ciclo de reproducción de las aves...incluso, y sin ir más lejos, el ciclo de la vida: nacer, crecer, madurar, reproducirse, y poco más tarde, morir.

El ser humano, quien a menudo rehuye los cambios, es un ser de costumbres. Le aterroriza que un diía los pájaros no canten, que las norias no giren o que los ruidos cesen. Da igual que sea julio, el quiere que nieve.

Estos seres tienen sentimientos y, a menudo, critican la soledad. No imaginan el sol sin la luna, el frío sin el calor, el ying sin el yang. Su vida se basa en sus actos, y estos determinan, pues, todo lo demás. El más inteligente y sagaz de ellos escuchará, observará, y se dedicará a ilustrarse del mundo real, pero también será el que más sufrirá. El más bobo, en cambio, hablará, pero sus palabras serán parcas e inertes, poco tendrán que aportar... este, sin embargo, mucho más feliz será.

Son seres complejos repletos de insensatez, cordura, racionalidad, pasiones, victorias, fracasos, bienvenidas, despedidas... su "vida es, muchas veces, lo que aún no es"

He de confesarlo, soy un ser de esos. Hoy empiezo el tercer ciclo: madurar.

1 comentario:

  1. Uno necesita su lado opuesto porque sin el uno no esta completo, de echo, la leyenda cuenta que en el comienzo de todo, los seres eramos dos, uno por delante y otro por detras unidos por la espalda, que llegado el momento, se separaron y desde entonces, buscamos esa otra parte que estaba unida a nosotros, porque definitivamente, sin nuestro lado opuesto, carecemos de significado

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